En la madrugada del sábado 4 de abril, el Patriarca presidió la Vigilia Pascual en la Basílica de la Resurrección. Solo unos pocos sacerdotes participaron en la liturgia, debido a las restricciones impuestas por la guerra. En su homilía, el cardenal afirmó: «Jerusalén, ciudad marcada por el recuerdo de la muerte y hoy por tantas divisiones, se convierte en el lugar donde se proclama la vida».

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