En su discurso durante la tercera reunión sobre la revisión de la Declaración de Taipei, que se inauguró hoy, el presidente de la Academia Pontificia para la Vida expresó su esperanza de que ni la lógica comercial ni la política erosionen la confianza de los pacientes en el sistema de salud cuando comparten sus datos: los desafíos que plantea el progreso tecnológico requieren no solo herramientas técnicas y legales, sino sobre todo “una ética plasmada en la práctica”.

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