Con estas palabras, el arzobispo de Kinsasa acogió la decisión del presidente Tshisekedi de iniciar un diálogo entre la población, anunciada a mediados de julio. El purpurado quiso mostrar de inmediato el apoyo personal y de toda la Iglesia a un proceso que la sociedad civil y la propia Iglesia venían pidiendo desde hacía tiempo. La iniciativa fue definida por el cardenal como un paso fundamental hacia el fortalecimiento de la unidad nacional.

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